viernes, 24 de abril de 2015

viernes, 6 de marzo de 2015

El trabajo y los bichos

El  trabajo y los bichos

El trabajo y los bichos es una serie de ocho dibujos sobre cerámica que forman una secuencia de lo que podría considerarse un hallazgo arqueológico o un vestigio material de vidas posibles y extrañas. Cada imagen, cada lámina de arcilla dibujada, representa un bicho en una actividad diferente, un insecto, andrógino, ocupando el lugar habitual de un hombre en su trabajo. Cada uno de estos bichos son profesores, pintores o ceramistas, bordan, leen y cocinan, adoptando en cada situación la corporalidad característica de la performance humana en el ámbito de una cultura y una sociedad. 
La serie El trabajo y los bichos, fue pensada y concebida a la luz de las ideas subyacentes, en la novela La Metamorfosis de Franz Kafka. Recordemos que, el personaje principal del genio Checoslovaco Gregorio Samsa encarna una desesperante pesadilla donde su ser humano lentamente se transforma en repugnante cucaracha. Para Samsa (y también para el hombre moderno) el mundo animal, carente de autonomía y pensamiento, representa la degradación del ser. En la pesadilla kafkiana la cucaracha es la metáfora más mordaz de la insignificancia de existir sin razón, sin libertad. Paradójicamente, la transformación de hombre en insecto es posible gracias a la alienación que provoca la cotidiana burocracia laboral. En un círculo indeseable el mundo animal y el mundo humano se confunden, permitiendo la mutación de unos en otros.
La realidad capitalista actual, fruto de un derrotero histórico, que se remonta a la edad media, primero disoció y luego condenó en órdenes jerárquicos menores, el ámbito animal. En la actualidad no pareciera haber cambiado demasiado la aberración que nos genera lo otro y lo diferente y de manera violenta tratamos de humanizar todos los seres que nos rodean. Extrañas tiendan exhiben en jaulas y vitrinas perros, gatos y conejos, junto a juguetes abrigos y zapatos para cada mascota. La mercancía ha invadido todos los espectros posibles al punto que, llegado el caso de vernos convertidos en perros, tendríamos la opción de consumir algún objeto o, en su defecto, un amo generoso que lo hiciera por nosotros.
En este panorama, lo humano pareciera definirse por la capacidad para compatibilizar con la esfera del consumo, posibilidad que sólo puede ser pensada en el marco de la propuesta laboral capitalista, el trabajo asalariado y la propiedad privada.
El trabajo y los bichos trata de invertir el orden de lo siniestro para metamorfosear lo animal en humano y mostrar, levemente, la incomoda tarea que llevamos diariamente para intentar ser libres en los márgenes de nuestra rutinas, costumbres y actitudes laborales.    

 








El espectáculo histérico


lunes, 26 de enero de 2015

Locura y técnica . Fotografías sobre los bordados de las histéricas de la Salpétriere



Locura y Técnica.
Bordados de las fotografías  de las histéricas de la Salpêtrière

A finales del Siglo XIX el médico Jean Charcot se hizo cargo del pabellón de las histéricas del hospital de la Salpêtrière. Los llamativos y novedosos experimentos realizados en los claustros del antiguo internado convirtieron las clases impartidas en la primera Cátedra de Enfermedades Nerviosas del mundo. Los métodos allí utilizados, sin embargo, fueron calificados por reconocidos colegas de la época como teatrales, circenses y estrafalarios que jamás mejoraban el estado de las pacientes sino que los potenciaban cada vez más. Aún así estas experiencias son para nosotros el antecedente de todas las investigaciones contemporáneas sobre psiquiatría y psicología.  
El principal objetivo de Charcot era muy claro, clasificar el grupo conformado por las histéricas para obtener un catalogo evidente de las enfermedades psiquiátricas y neurológicas, y convertir la inasible manifestación de la histeria en un objeto científicamente abordable.  Para ello incurrió en mediciones con aparatos y diferentes instrumentos, sesiones de hipnosis, la aplicación recurrente de estímulos sensoriales y la sistemática descripción del flujo vaginal, entre otras anotaciones de las llamativas contorsiones de los cuerpos femeninos. Además de la creación de un exhaustivo archivo fotográfico de las experiencias realizadas en la clínica.
La fotografía no fue para Charcot un simple registro de sus actividades sino la más acabada culminación de un episodio que no podía repetirse. La fotografía hizo de la histeria un fenómeno estático. Aquello que se escapaba una y otra vez en la nerviosa expresión de las contorciones, con la fotografía se detenía mostrando el cuerpo enfermo como un objeto de posible apropiación. Esto fue así al punto que Charcot creó un laboratorio fotográfico en una de las habitaciones del hospicio. Un espacio donde la escenificación de la locura era captada en el instante preciso de su posible representación.
En este sentido, la operación fotográfica, la representación, y la definición de la locura, del rasgo histérico exclusivamente en las mujeres, van de la mano. En la medida en que se figure una teoría de la salud en términos de normalidad, manifestada por la gestualidad y deducida por características corporales, la locura tendrá un lugar en nuestra sociedad como un mal a combatir, una conducta a erradicar. Dejando, en la minoría que no encuadra en la legalidad del orden mental, la condena de su aislamiento.
Los bordados que realicé y que llamé “Locura y Técnica. Bordados de las fotografías de las histéricas de la Salpêtrière”, ponen de manifiesto una operación de desarticulación de la técnica fotográfica, como herramienta de representación de la locura. El bordado como desarrollo artesanal de la materia y el tiempo, compone una imagen que jamás podría ser elaborada en un instante. El cuerpo de quien borda se contorsiona, se descompone y sufre en analogía con la imagen representada: las fotografías de las mujeres de la Salpêtrière. Así en estos bordados se intenta exorcizar el lugar de objeto enfermo otorgado a cada uno de los cuerpos,  para generar empatía con ellas a través de una sintonía de efectos físicos.
De algún modo el bordado recupera lo femenino inasible que el capitalismo moderno en armonía con la técnica de los aparatos científicos, trataron de eliminar para ordenar el mundo a la medida de una racionalidad eficiente. Fuera de todo esto cada sujeto guarda para sí la morfología de lo diferente, que no es exactamente locura sino la imposibilidad de definir de manera absoluta todo lo que la mente humana es.
   













En la siesta, un monstruo








Seguidores

Datos personales

Mi foto
Mariana Robles nace en Buenos Aires, 1980. Crece en Merlo, San Luis y desde 1998 vive en Córdoba. Es artista, docente y escritora. Desde 2010 hasta la actualidad publica los libros Línea de Atlas (Alción); El árbol de los reflejos (Biblioteca Córdoba); Constelación Escarlata Turquesa (Sofía Cartonera); Los niños de Renoir (Nudista); Alfabeto de la noche (Borde Perdido); Tres mujeres Planchadoras (Sofía Cartonera); Escrituras Rituales. Ensayos sobre arte y literatura (Los Ríos); Melancolía (Borde Perdido); El nacimiento de lo extraño (Cartografías); El Aburrimiento (Maravilla); Las Chispas de las Cosas (Azogue) “Diario del teatro” (de todos los mares) y “Damasco” (Dinamo). Entre sus exposiciones se destacan “Infancia y Poesía” curada por Claudia Santanera, Museo Genaro Pérez; “Infierno, corazón y cielo”, Museo Juan de Tejeda y “La escriba ágrafa” curada por Carina Cagnolo, Centro Cultural España-Córdoba. Su trabajo recibió diferentes reconocimientos y en diversas ocasiones Becas de Creación del FNA. Su obra se encuentra en colecciones públicas y privadas. Actualmente integra el área de investigación de Museo Caraffa y es docente en la Escuela de Bellas Artes Figueroa Alcorta.